El profeta se encontraba contemplando este tiempo, en el momento en que el Espíritu Beato sería vertido no solo sobre los profetas, reyes y curas, sino más bien sobre toda carne, que tiene relación a toda persona que ha creído en Jesucristo y recibido la promesa del Espíritu : jóvenes, viejos, hombres y mujeres que van a tener esta experiencia, por el hecho de que
Que tú y todos tus conocidos cercanos salgan de Egipto, de todo cuanto les impide caminar en la plenitud de su vocación en Yeshua, esta temporada de Pascua!
¿Qué es lo que significa la efusión del Espíritu Santurrón?
La efusión del Espíritu Beato tiene relación a la acción de Dios de mandar Su Espíritu a los humanos para cumplir Su propósito en el planeta. En la Biblia observamos que esto pasa sobrenaturalmente en varias oportunidades, como en el día de Pentecostés, en el momento en que el Espíritu Santurrón descendió sobre los apóstoles y los llenó de su poder y de su presencia. Esto les dejó charlar en lenguajes extranjeros y testificar valerosamente del evangelio a todos y cada uno de los que les encantaría oír. Desde ese momento, la efusión del Espíritu Santurrón es una promesa de Dios para todos y cada uno de los que creen en Jesús. Él es el Espíritu de Dios que mora en nosotros y nos capacita para vivir como hijos de Dios. Él nos guía, nos enseña y nos asiste a mantenerse leales a Dios.
La efusión del Espíritu Beato es escencial para la vida cristiana. Sin el poder y la presencia del Espíritu Santurrón, no tenemos la posibilidad de realizar nada para agradar a Dios. Somos enclenques y pecadores por naturaleza y requerimos Tu asistencia para hacer Tu intención. En el momento en que dejamos que el Espíritu Santurrón llene nuestras vidas, Él nos ofrece la fuerza para vencer el pecado y vivir de una forma que gusta a Dios. Asimismo nos empodera para comunicar el evangelio con otros y testificar ciertamente de Jesús. sin el derramamiento del Espíritu Beato, la iglesia no existiría y el planeta no conocería el cariño de Dios.
¡Derramaré mi Espíritu sobre todos! Jóvenes y viejos, hombres y mujeres, ¡todos van a ser profetas! Estas expresiones pronunciadas por Pedro el día de Pentecostés semejan contrariar lo que redacta San Pablo sobre los carismas: «¿Son todos profetas?» el apóstol pregunta a los corintios, y la contestación es naturalmente no. Hay, en verdad, una variedad de carismas. Unos son apóstoles, otros profetas, otros profesores… (1 Cor 12, 28-29).
¿Exactamente en qué sentido, entonces, ve Pedro el cumplimiento de la profecía de Joel en Pentecostés según la que, en tiempos mesiánicos, todos van a ser profetas? ¿Y exactamente en qué sentido asegura asimismo el Concilio Vaticano II que todo bautizado debe ofrecer testimonio de Cristo con espíritu profético? (Lumen gentium 35). La contestación a esta pregunta nos pone en el sendero para conocer la novedosa naturaleza de la profecía cristiana