Además de esto, el Espíritu Santurrón nos purifica o santifica para estar listos para vivir en la existencia de Dios. El Espíritu Santurrón purifica tanto nuestros corazones que no poseemos el deseo de llevar a cabo el mal. Hay una diferencia entre el Espíritu Beato y el don del Espíritu Santurrón.
Jesús fue ungido con el Espíritu Santurrón. Y anduvo realizando el bien y curando a los afligidos. El Espíritu Santurrón le dejó bautizarme con su fuego. El Espíritu viene sobre mí con su poder. Él no solo me excusa mis errores. empoderarme. Me llena con el fuego de su amor. Me hace con la capacidad de ir por la vida como Jesús, realizando el bien.
Jesús está lleno del Espíritu de Dios. Lleno de su poder. Renunció a todo y recibió el Espíritu para modificarlo todo.
Nuestro papel en el movimiento de renovación atractiva
Somos frente todo acólitos de Jesús, acólitos que se comprometen en lo personal con el Señor Jesús, para proseguirlo, obedecerlo y someterse a su palabra. para nuestras vidas
El Señor Jesús nos llama a ser servidores pues vino “no para ser servido, sino más bien para ser útil”. Como sus servidores que utilizan sus dones, talentos y tiempo para ser útil espléndida y desinteresadamente a el resto para asistirlos a medrar en la fe, la promesa y el cariño. Empleamos nuestros dones, no para edificarnos a nosotros, sino más bien para edificar el cuerpo de Cristo y fomentar su misión en el planeta.
Medita en ello
La llamada a purificar nuestra cabeza es una que terminamos de iniciar en esta vida. Aun los mucho más que tienen piedad entre nosotros tienen que resguardar su jardín mental sacrificando de forma continua los cuervos de los pensamientos corruptos. Nuestro pensamiento florecerá como ha de ser solo en el momento en que enterremos nuestras cabezas en la tierra del Monte Sión.
No obstante, una gran parte de nuestra paz en esta vida y bastante del fruto que ofrecemos para la gloria de Dios viene en el instante en que oímos el llamado a «meditar en esto»: recostar la cabeza en la gloria del sobresaliente, la hermosura debajo y la multitud circundante. Son las ventanas las que alumbran y calientan nuestra cabeza, hasta el día en que nuestra Luz las purifique completamente.