Saltar al contenido

Cómo actúa el espíritu de envidia

La envidia es un sentimiento de tristeza o enfado por no poder tener lo que otra persona tiene. Provoca que no aprecies lo que tienes, es un sentimiento negativo ahora ocasiones hasta destructivo.

Otro fiel se aproxima a ti muy feliz para compartirte excelentes novedades. Procuras sonreír, pero andas forzando una sonrisa y te sientes incómodo. En vez de festejar verdaderamente su bendición, tu corazón se hunde, deseando ser tú quien dé la novedad en vez de la otra persona. Mientras que esta persona está alabando al Señor, piensas: “¿Pero debe frotarme esto en la cara? ¿No merezco yo mucho más que él?» Nuevamente, recuerdas que es mucho más simple «plañir con los que lloran» que «gozarse con los que se alegran» (Romanos 12:15).

El inconveniente es que la envidia y los celos (1) empeoran en el corazón, son producto de la naturaleza pecaminosa con la que todos nacemos y los dos se cuentan en Gálatas 5 como proyectos de la carne: los celos (2), en el versículo 20, y la envidia en el versículo 21. Estos errores encarnan el egoísmo, el sello de la carne; somos personas ególatras por naturaleza. Deseamos preservar para nosotros lo que se nos dió. Deseamos lo que otros tienen, y frecuentemente nos molestamos si nuestros deseos son No se percató Es triste que entre las primeras situaciones en la historia humana revela la envidia del corazón del hombre. Confesé mi envidia por sus capacidades y éxitos. Le solicité perdón. Esto fue alarmante y realmente útil. No estoy insinuando que confesemos a cada individuo que envidiamos, pero singularmente en el momento en que empezamos a envidiar a un amigo próximo, no lo nos encontramos sirviendo como un amigo leal. Nuestra confesión les dejará rezar por nosotros, y denominar el pecado de manera frecuente va a ayudar a reducir su poder sobre nosotros.

En el momento en que rezo por el éxito de alguien a quien envidio, mi corazón empieza a cambiar. La envidia me pone en oposición a ellos, pero la oración me pone en su equipo. En este momento solicito la bendición de Dios sobre ellos. Me involucro emotivamente en tu confort. Comienzo a envidiarlos menos. En verdad, ¡sus nuevos éxitos en este momento se transforman en respuestas a mis frases! Le pregunté a Dios exactamente sobre lo que consiguieron en este momento. ¿De qué manera podría resentir eso?

¿Qué le pasa a la persona construída?

Es bastante común cuestionarnos por qué razón el envidioso envidia, pero tendemos a menospreciar el lastre que esto piensa para el envidiado. Visto que el resto te envidien es un auténtico padecimiento, te distancia de la verdad y crea desconfianza.

Hay veces en que los envidiados ahora no tienen idea quiénes son sus amigos o contrincantes, en quién confiar. Aun empiezan a cuestionarse si su éxito les forma parte o es desagradecido, como dicen los chimentos. Esto puede aun favorecer que un sentimiento victorioso se transforme en una cadena incesante de inseguridades y adversidades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *