Audazmente, sin reservas. Charlamos con una tumba abierta. 1.
Joe Hill, hijo del mítico Stephen King y premiado creador de terror por derecho propio, publica en España su novedosa compilación de cuentos de terror, An Open Grave, editada por Nocturna:
) Una puerta que lleva a un planeta prodigioso lleno de maravillas se regresa sanguinolenta en el momento en que un conjunto de cazadores la atraviesa. 2 hermanos merodean por un campo laberíntico de yerba alta para contribuir a un niño que solicita asistencia en el monte. Un camionero se ve envuelto en una agotadora persecución por el desierto de Nevada. 4 jovenes viajan en un tiovivo viejo donde cada giro tiene secuelas deplorables. Un bibliotecario se pone al volante para llevar lecturas a los fallecidos. 2 amigos se dan cuenta el cadáver de un plesiosaurio en la orilla de un lago, descubrimiento que les ordena a confrontar a la iniciativa de su mortalidad… y otros horrores que avizoran en las profundidades del agua.
Yo
Por al azar, mientras que escribo estas líneas, vía twitter, descubro una polémica por la publicación de una investigación analítico del directivo Michael Bay en el número 447 de la gaceta Apuntada por, a que se ajusta a este mes de septiembre. No es necesario reforzar, me imagino por dónde van los tiros pues, desgraciadamente, estas reacciones no son nada nuevo. Soy enemigo fanático de terminar con el pensamiento cinematográfico y considerablemente más de detallar jerarquías. No me charles de ghettos, por el hecho de que siempre y en todo momento me disparan. Para mí, las distintas y heterogéneas expresiones del cine (desde las mucho más comerciales, como Bay, hasta las mucho más experimentales) meritan exactamente el mismo régimen. Como es natural, soy partidario de tener método y una visión personal, pero eso no significa ser único. Y aquí intentamos de llevarlo a cabo. Lo he escrito frecuentemente en este espacio web. Debo sonar como un disco rayado en el improbable en el caso de que alguien me lea de forma regular. Más allá de que siento con desagrado y tristeza que esta situación se prosigue conservando en el 2014 en las comunidades cinéfilas, pienso simultáneamente en el cine kamikaze, el tema de este libro que me atrevo a comentar. De este modo, el cine kamikaze es aquel que no debería haberse hecho, pero que por fortuna vio la luz. Y digo bien, afortunadamente. ¿Qué sería del cine si jamás hubiese habido películas como Faces (Semblantes, John Cassavetes, 1968), Fellini, ocho y medio (8½), La mama y la puta (La maman et la putain, Jean Eustache, 1973) o Tenientes corruptos (Bad Lieutenant, Abel Ferrase, 1992), ¿ejemplos de películas que hallarás en este volumen? Te lo digo, un espacio considerablemente más triste donde no valdría la pena vivir. Pues místicas y romanticismos aparte, el cine se vive, la intensidad con la que se hace es dependiente de cada uno de ellos, pero es una puerta abierta completamente a la experiencia, la que significa, la que nos forma, la que soñamos, el que padecemos, el que nos hiere. Hay películas de las que jamás deseamos/no tenemos la posibilidad de huír. Largos hechos con valentía, con el corazón en carne viva, con la vibración de quien está al filo de un precipicio, que siente el vértigo de lo irrealizable. Outburst (Ivan Zulueta, 1980), The Monster Parade (Freaks, Tod Browning, 1932) y mucho más exponentes que se muestran en An Open Grave. El cine kamikaze saca a resplandecer el Quijote que llevamos dentro, en esa operación de exorcismo catártico que directivos imprudentes, francotiradores, acorralados y lúcidos en un país de torpezas se animan a forjar por medio de la imagen en movimiento. Una energía que queda impresa para toda la vida en ese marco que nos birla la razón; lo lanzan con sus fuerzas, tal y como si fuera algo inexpugnable, tal y como si fuera una ansiedad caníbal que les impide lograr la paz. Pues un cine kamikaze de tumba abierta capta estos impulsos y vibraciones electrificadas, los recordamos o los descubrimos por medio de sus páginas, con claridad, con clarividencia, con torbellinos literarios, con ficciones por charlar de ficciones.
De esta manera empezamos el primer comentario sobre un libro de cine en Cine Discordante, exactamente el primer libro editado en la Compilación Hamsterdam de Macnulti Editores, que en estas datas cumple un año de vida. Entonces, es ineludible sentir una sinergia extraña, esa vibra incitante en el momento en que todo empieza. Arantxa y yo estábamos valorando dónde poner este artículo. ¿Creamos una exclusiva sección? ¿En este contenedor de Beyond 7? La primera opción era por el bien de tener mucho más visibilidad, nos interesaban bastante los libros de cine. Pero estábamos accediendo en una incómoda aporía. Negábamos al libro su condición de literatura y esa opción no nos parecía aceptable. Además de esto, ¿no hay mayor conexión entre literatura y cine que con este género de publicaciones? Por el hecho de que el ensayo y la crítica de cine son literatura. Merece la pena decirlo. Y repita (lo que dije sobre un disco roto). Puede ser periodístico, informativo, académico, cuanto quieras. Pero es literatura. Y como en toda variación y/o género literario, hay mucho más y menos calidad. Los autores que hallarás en el libro, entre ellos Gonzalo de Lucas, Ignacio P. Rico, Óscar Brox, Manuel Ortega, etcétera., cada uno de ellos con su estilo y personalidad, testimonian y prueban que nos encontramos frente a una literatura de calidad. Además de esto, tratan de eludir el régimen estándar frecuente tratándose de emprender películas y activar algo que es fundamental para mí. Te presionan a fin de que mires las películas que comunican o reseñan. Este es para mí un punto de inicio deducible y primario pero completamente válido en el momento de evaluar un libro de cine.
«Dark Carousel»
Una narración que combina las experiencias autobiográficas de Joe Hill con un ámbito frecuente del terror moderno: las ferias itinerantes. Y que semeja inspirado en Stephen King en fondo y forma (la ambientación recuerda a Joyland, y el carrusel recuerda a Charlie Choo-choo de La Torre Obscura).
Un conjunto de jóvenes, gracias a un malentendido, destruyen un viejo carrusel. Las secuelas próximamente prosiguen, con una espiral ascendiente de horror y un sentimiento continuo de ansiedad.