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Qué es ser un bigote en Argentina

Bigote: Dicho de quien forma parte a las fuerzas de seguridad en verdad o por debilidad mental.

En estos un par de meses de inmersión en el planeta de la crueldad en Argentina, me sorprendió bastante conocer la jerga que usan ciertos jóvenes en los distritos marginales del conurbano bonaerense.

Con la banda, y el bigote asimismo

Eso sí, con los años el bigote trascendió los límites de la celebración. A inicios del siglo XX, las barbas han comenzado a ser rechazadas hasta quedar prácticamente escondes pasada la primera década. Al tiempo que el bigote era en este momento una moneda de cambio. ¿Uno que le valió altos honores? Don Paulino Rodríguez Marquina: el estadístico tucumano lucía un bigote tan espeso y con puntas tan pronunciadas hacia arriba que, para sostenerlo de esta manera, permanente y asimismo inmaculado, debió recurrir al llamado “fanático”. Una tira de gamuza que se emplea sobre el bigote antes de acostarse a fin de que los pelos contengan su forma. Bastante coqueteo… ¿Y de qué manera nos conocimos en Casa Rosada? Por visto que, como recordarán, tuvimos ciertos presidentes con bigotes: Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Agustín P. Justo, Ramón Castillo y Raúl Alfonsín… ¿alguien considerablemente más? Eso sí, ¡de qué manera olvidar el bigote suelto de Carlos Pellegrini! Afirmemos que el billete de $1 está anticuado y en consecuencia su imagen no es tan recurrente. Pero aun de esta forma, es uno de esos bigotes que van a vivir para la posteridad. Considerablemente más atrás en el tiempo, otro bigote que ha rondado la Casa de Gobierno, si bien sin llegar a ocupar la silla, fue el de Aníbal Fernández: el bigote del exjefe del Gabinete de Ministros se transformó, en verdad, en su señal de identidad.

¿Y si nos distanciamos de todo el planeta de la política? Cabe indicar que el planeta del espectáculo y el deporte asimismo aportaron sus buenos ejemplares al inventario de bigotes nacionales. Si no, acordaos del Mundial de 1978. Ahí se encontraba Leopoldo Jacinto Luque, corriendo, con la albiceleste pegada a la piel y el peculiar bigote a la espalda. Infló la red una vez, 2, tres, 4 ocasiones… La euforia de la Copa llenó las viviendas, los bares, las gradas… ¿Quién marcó los tantos? Ah sí, colosal Luque, bigote aparente, irrealizable no apreciarlo en las decenas de camisetas blanquiazules que poblaban el del sol del partido. ¿Y si otro bigote pudiese hurtarnos tanta alegría? Bueno, los 2 lo hicimos, y hasta hoy, considerablemente más que una risa. El de Jorge Guinzburg fue aun uno de esos que solo se recuerdan con una sonrisa: el humor ácido y asimismo capaz del periodista ausente en ese instante logró que su bigote trascendiese no solo la pantalla del TV; sino más bien radio, periódicos y hasta libros. Guillermo Francella nos dio uno de esos sustos: ¡cuánto lo extrañamos en 2008! Es que el actor debió afeitarse para hacer el personaje de una película (¿recuerdan al colosal Pablo Sandoval de El secreto de sus ojos?), y resulta que, sin bigote, Francella no era Francella. Por fortuna, en contraste a Sansón, se suprimió el bigote, pero no la comedia; y la entrañable criatura ahora volvió para estar con nosotros.

Estelar

¿Y si nos distanciamos de todo el mundo de la política? Mira que el planeta del espectáculo y el deporte asimismo aportaron con sus buenos ejemplares al inventario de bigotes nacionales. Si no, acordaos del Mundial de 1978. Ahí se encontraba Leopoldo Jacinto Luque, corriendo, con la albiceleste pegada a la piel y el peculiar bigote a la espalda. Infló la red una, 2, tres, 4 ocasiones… La euforia de la Copa llenó las viviendas, los bares, las gradas… ¿Quién marcó los tantos? Ah sí, el enorme Luque, bigote aparente, irrealizable no advertirlo en las decenas y decenas de camisetas blanquiazules que poblaban el lote de juego. ¿Y si otro bigote pudiese hurtarnos tanta alegría? Bueno, tuvimos 2 que nos soltaron, y todavía el día de hoy, mucho más de uno se ríe. La de Jorge Guinzburg fué aun de esas que unicamente se recuerdan con una sonrisa: el humor ácido y también capaz del en este momento ausente periodista logró que su bigote trascendiese no solamente la pantalla del TV; sino más bien radio, periódicos y hasta libros. Guillermo Francella nos dio uno de esos sustos: ¡cuánto lo extrañamos en 2008! Es que el actor debía afeitarse para crear el personaje de una película (¿recuerdan al enorme Pablo Sandoval de El misterio de sus ojos?), y sucede que, sin bigote, Francella no era Francella. A dios gracias, en contraste a Sansón, le sacaron el bigote, pero no la comedia; y la entrañable criatura ahora volvió para estar con nosotros.

Y, evidentemente, coronamos esta hermosa reseña con el bigote definitivo. Aquel tras el como no queda nada por decir. No afirmes mucho más, por el hecho de que el bigote de Charly García es inaudito. Tan mítico como su portador, su condición bicolor no responde a ningún teñido; pero a la carencia de pigmentación: mitad moreno, mitad blanco. Único, muy Charly. Prácticamente, prácticamente una criatura con vida propia, una foca, una huella, «el» bigote. Eso sí, con producto y todo. Por el hecho de que, con lo que se informó, está lejos de ser una pura figura facial.

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