15 Y la lujuria, después que ha concebido, da a luz al pecado; y el pecado, una vez consumado, da a luz la desaparición. 16 Mis amados hermanos, no les equivoquéis.
En el momento en que alguien es tentado, no afirmes que eres tentado por Dios; por el hecho de que Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a absolutamente nadie; pero cada uno de ellos es tentado, en el momento en que es atraído y seducido por su concupiscencia. Entonces la lujuria, tras haber concebido, da a luz al pecado; y el pecado, una vez consumado, da a luz la desaparición. ~ Santiago 1:13-15
Explicación del artículo: ¿De dónde viene el pecado? Para muchos, esta es una pregunta que tortura su creencia en Dios, al tiempo que otros sencillamente la ven como la clave para socavar a Dios. La certeza de la contestación, no obstante, revela una situación que pocos desean aceptar; el pecado viene de nosotros. En el artículo heleno, la palabra que se utiliza para evaluar en este pasaje es exactamente la misma palabra traducida como prueba en el pasaje previo. ¿De qué forma tienen la posibilidad de los traductores utilizar las dos expresiones para exactamente la misma palabra original? Hay 2 causas lógicas para ello. Primero, es una fácil cuestión de contexto que dicta el concepto de la palabra. Como cualquier idioma, una palabra tiene la posibilidad de tener múltiples definiciones, con lo que es esencial leer el contexto pausadamente para saber la utilización exacto. Además de esto, el carácter de Dios como beato, beato, santurrón torna imposible asociar a Dios con la tentación. Santiago revela 2 puntos de la relación de Dios con la tentación. Primero, Dios no puede ser tentado. Tal tentación sería contraria a su carácter santurrón, especial y sin pecado. En vez de estar sin pecado, Dios no puede estar en presencia del pecado, lo que crea una enorme necesidad de reconciliación con Dios por medio de la obra de Cristo. Dios no solo no puede ser tentado, sino tampoco tienta a el resto. Mucho más bien, la tentación proviene del interior de todos nosotros, de nuestra naturaleza pecaminosa. Además de esto, la epístola de Santiago detalla el desarrollo de la tentación señalando primero que procede de nuestros deseos. Esta verdad señala la gravedad del pecado de la avaricia y la idolatría, que, si no se controla, transporta a la persona a un sendero mucho más profundo de pecado y, en último término, a aguantar todas y cada una de las secuelas del pecado que puede traer la desaparición. La utilización de la imagen de Santiago en este artículo crea una imagen precisa del pecado y sus riesgos.
Bienaventurado el varón que aguanta la tentación; por el hecho de que tras pasar la prueba, recibiréis la corona de la vida, que Dios ha prometido a los que le adoran. — Santiago 1:12 RV
Santiago 1:12 no nos comunica que tenemos la posibilidad de tener pruebas en nuestras vidas. Nos comunica que vamos a tener pruebas en nuestra vida. Es en estos momentos de pruebas y tentaciones que contamos la posibilidad de transformarnos en campeones a través de Jesucristo, y al llevarlo a cabo, conseguiremos la corona de la vida. ¡Aleluya!
Si pasas por un periodo de prueba, si las cosas semejan ir en tu contra, ¡no te rindas! ¡Eres mucho más que vencedor a través de quien te quiere! Saca fuerzas de Él. ¡Alegrarse! Este es el instante de poner a prueba tu fe. ¡En el momento en que eres enclenque, él es fuerte! Jesús te va a ayudar a capear esta tormenta, y mientras que te apoyas en Él, reconoces tu necesidad de Él y tu carne ocupa el segundo sitio tras Cristo primero. Debemos ser transformados a su imagen. Es mediante estas pruebas que Dios forja nuestro carácter y en el final de ellas, como afirma Santiago 1:12, vamos a recibir la corona de la vida.
CAPÍTULO 1, 18-22
Por su intención nos engendró con la palabra enserio, a fin de que seamos como las primicias de sus criaturas. Acordaos, estimados hermanos míos: Que cada uno de ellos sea = solícito para oír y tardo = para charlar, tardo para la furia. Pues la furia del hombre no obra la justicia de Dios. Por consiguiente, desechad toda inmundicia y abundancia de maldad y acoged dócilmente la Palabra plantada en nosotros, que es con la capacidad de socorrer vuestras ánimas. Coloca la Palabra en acción y no te conformes con escucharla, engañándote a ti.
Pues si alguien se contenta con oír la Palabra sin ponerla en práctica, es como quien contempla su imagen en un espéculo: se contempla a sí mismo, pero al irse se olvida de quién es. Por otro lado, el que considera atentamente la Ley impecable de la independencia y se aferra, no como un oyente desmemoriado, sino más bien como un espectador de ella, él, al practicarla, va a ser feliz. Si alguno se cree espiritual pero no refrena su lengua sino engaña su corazón, su religión es en balde. La religión pura y también intachable enfrente de Dios Padre es esta: Visita a los huérfanos ahora las viudas en sus preocupaciones, y mantente sin mácula de todo el mundo.
Oración
Padre Santurrón que andas en los cielos, te ofrecemos gracias por hacernos tus hijos.
Entendemos que debemos dejar que el Espíritu actúe en nuestra vida y que esto nos va a hacer cristianos y mejores personas.