Debemos rezar para tener fuerza para perdonar a quienes nos ofenden, y debemos liberarnos de los sentimientos de furia, resentimiento o venganza. Asimismo debemos buscar lo bueno en el resto en vez de centrarnos en sus defectos y exagerar sus debilidades. Dios va a ser el juez de las acciones perjudiciales del resto.
El poder del perdón
Jim Maxim
¿Qué gano al recibir el perdón de Dios?
En el momento en que la fe falla, es común preguntarse sobre las virtudes de recibir el perdón de Dios o aun si verdaderamente merece la pena. A fin de que estés seguro de que de este modo es, te contamos ciertas consecuencias de ser perdonado por Dios:
Vas a tener felicidad El perdón va a traer consigo entre los mayores gozos que logres presenciar . La independencia y el gozo te inundarán a sabiendas de que Dios ha perdonado tus errores y te dió otra ocasión.
El valor del perdón
No puedo mencionar que el desarrollo sea simple, fué realmente difícil, pero el gozo de la restauración y la independencia en Cristo lo valen. Pienso que el enfrentamiento mucho más grande en nuestros corazones (el mío y el de mi hermana en la fe) fue sobre la justicia. Mi corazón tenía un comprensión de la justicia y el de ella otro, los dos nos cansamos pues Su sentido de la Justicia, la auténtica Justicia, la única Justicia que cuenta, la Justicia de Dios, dio las respuestas que nuestros corazones anhelaban pero nuestra carne no podía admitir. . Hago este comentario pues sé que habitamos guerra espiritual, y la obediencia a Dios necesita que nuestra carne, nuestros deseos, nuestro corazón mueran.
Deseo acabar con esta última cita, que expresa mejor todo cuanto puedo mencionar.
Qué es lo que significa confesar: aceptar, admitir nuestro pecado
Primeramente, ¿de qué manera nos ofrecemos cuenta de que hemos pecado? Como nos comunica 1 Juan 1:5, «Dios es luz». Entonces, en el momento en que Dios reluce sobre nosotros, muestra nuestros errores y defectos y nos ofrecemos cuenta de ellos. El sentimiento de culpa final en nuestra conciencia es intransigente y no puede ser mitigado por ningún razonamiento o disculpa de nuestra parte. En vez de justificar nuestro pecado o intentar encubrirlo, debemos admitir los errores que Dios alumbra y solicitarle que nos perdone.
El Salmo 32:5 nos ofrece un excelente ejemplo de esto. El salmista ha dicho: “Mi pecado reconocí enfrente de ti, y mi iniquidad no encubrí. Dije: Confesaré mis vulneraciones a Jehová. Y has perdonado la iniquidad de mi pecado.”