En 1905, Albert Einstein desarrolló la ecuación que relaciona masa y energía, como una parte de su teoría de la relatividad. Esta ecuación establece que una masa dada (m) está relacionada con una proporción de energía (Y también) igual a la masa multiplicada por el cuadrado de la agilidad de la luz (c).
(Ulm, 1879-1955). Físico estadounidense de nacionalidad alemana, Premio Nobel, célebre por ser el creador de las teorías de la relatividad general y particular y por sus hipótesis sobre la naturaleza corpuscular de la luz. Es probablemente el científico mucho más popular del siglo XX. La publicación de Einstein de 1905 Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento elaboró lo que después se conocería como la teoría particular de la relatividad. Empezó con la declaración del principio de equivalencia según el que los campos gravitatorios son equivalentes a las aceleraciones del marco de referencia. Con base en esta teoría, ha podido entender variantes hasta la actualidad incomprensibles en el movimiento de rotación de los planetas y ha podido adivinar la inclinación de la luz de las estrellas en el momento en que se aproxima a cuerpos como el Sol. Einstein siempre y en todo momento mantuvo que la única fuente de conocimiento era la experiencia. Murió el 18 de abril de 1955 en Princeton. Oraciones de Einstein: «En el momento en que me preguntaron sobre un arma con la capacidad de normalizar el poder de la bomba atómica, sugerí la mejor de todas y cada una: la paz». “Los conceptos y principios escenciales de la ciencia son invenciones libres del espíritu humano.” «La ley de la gravedad no es quien se encarga de que la gente se enamoren». «Si deseas desenlaces distintas, no hagas lo mismo». «Trata de no transformarte en un hombre de éxito, sino más bien en un hombre de valor». «Lo único verdaderamente apreciado es la intuición». “La posibilidad se oculta entre las adversidades” “2 cosas son infinitas: el cosmos y la estupidez humana; y no estoy seguro sobre el cosmos.” «La única razón por la que hay el tiempo es a fin de que no ocurra todo al unísono». «La formulación de un inconveniente es más esencial que su solución». “Ofrecer ejemplo no es la manera primordial de influir en el resto; es la única forma». «Aquel que carezca del don de la joya o del entusiasmo estaría mejor fallecido, por el hecho de que sus ojos están cerrados». un lenguaje comprensible para todos.” “El estómago vacío es mal asesor.” “La debilidad de actitud se transforma en debilidad de carácter.” “La única razón por la que hay el tiempo es a fin de que no ocurra todo al unísono.” “La alegría de ver y la entendimiento es el don mucho más especial de la naturaleza.” “Lo esencial es no dejar de cuestionar.” “Es un milagro que la curiosidad subsista a la educación formal.” «Sería viable detallar todo a nivel científico, pero carecería de sentido; carecería de sentido que describieras la sinfonía de Beethoven como una variación de la presión de la onda auditiva». “Todos somos muy ignorantes. La cuestión es que no todos ignoramos exactamente las mismas cosas”. «Quien jamás cometió un fallo jamás procuró algo nuevo». “Hay una fuerza motriz mucho más vigorosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la intención”. «La palabra avance carece de sentido mientras que haya pequeños infelices». «La imaginación es mucho más eficiente que el saber». “Jamás consideres el estudio como una obligación, sino más bien como una ocasión para traspasar en el precioso y fantástico planeta del conocimiento”. «Habitamos el planeta en el momento en que amamos. Solo merece la pena vivir una vida para el resto».
¿Cuál fue la contribución de Albert Einstein a la raza humana?
Las contribuciones científicas de Albert Einstein están entre las mucho más esenciales de la narración de la raza humana.
Su relevancia es tan enorme que todo el modelo científico de hoy se fundamenta, en mayor o menor medida, en sus estudios.
Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en el sur de Alemania en una familia judía de talento y compañía. Entusiasmado en la física desde el instante en que era un niño gracias a una brújula que le obsequiaron, el joven Albert vino a Suiza para comenzar estudios especialistas. Tras finalizar el bachillerato, se incorporó al Politécnico de Zúrich, donde asimismo se sumergió en lecturas filosóficas y se aproximó a clubes socialistas.
“Te prometo 4 productos”, escribió el joven examinador de patentes a su amigo. La carta vendría a ser portadora de ciertas novedades mucho más importantes de la crónica de la ciencia, pero su carácter trascendental quedaba oculto por un tono jocoso muy propio de su creador. Tras todo, terminaba de dirigirse a su amigo llamándolo “ballena congelada”, disculpándose por haberle escrito una carta que no era mucho más que “expresiones insustanciales”. Solo en el momento en que empezó a referirse a los productos, que habría escrito en su momento de libertad, dio alguna indicación que nos dejara entender su concepto.
“El primero tiene que ver con la radiación y las características energéticas de la luz y es bastante innovador”, explicó. En verdad, fue precisamente innovador. Mantuvo que la luz podría considerarse no solo como una onda, sino más bien asimismo como una corriente de partículas enanas llamadas «quanta». Las últimas secuelas de esta teoría -un cosmos sin causalidad ni seguridad rigurosa- lo asustarían por el resto de su historia.