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Cuál es la virtud más peligrosa de una mujer

La virtud mucho más dañina de una mujer es que sabe distanciarse aún en el momento en que está muy enamorada, se fatiga de aferrarse a alguien que no supo mantenerla y si bien sepa dónde ve a procurarlo, ella sabe de qué forma abandonar él.

Con frecuencia utilizamos esta expresión. ¿En algún momento te has cuestionado quién era la bendita Pandora, qué secretos contenía la bendita caja y por qué razón eran tan peligrosos?

Como recordarán, dicen, y «de esta forma abrió la caja de Pandora».

Para rememorar esta fecha, elegimos un fragmento del libro La Mujer y los Derechos del Hombre. Feminismo y voto en Francia, 1789-1944, de Joan Wallach Scott. El libro quiere repensar la historia del feminismo desde el examen de las campañas efectuadas por los derechos políticos de las mujeres en Francia entre 1789 y 1944, año en el que, tras mucho más de un siglo y medio de luchas, las mujeres en Francia consiguieron el derecho para votar. .

En el momento en que han comunicado los principios de su revolución en una contundente Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en el otoño de 1789, los autores de la Revolución Francesa eran conscientes del riesgo implícito en tal pronunciamiento universalista , ya que precisamente entraría en enfrentamiento con los datos prácticos de cualquier constitución que al final se redactara. Honoré Gabriel Mirabeau y Pierre Víctor Malouet, los dos ex- nobles y miembros del congreso de los diputados por el Tercer Estado, lo hicieron explícito en la Reunión Nacional. Recomendaron precaución y no reportar al pueblo de sus derechos antes de elegir precisamente cuáles serían esos derechos, de qué forma se implementarían y a quién corresponderían32. No obstante, las intranquilidades de los dos miembros del congreso de los diputados fueron rechazadas por la mayor parte, que estimó que un declaración de principios enseñaría a la nación a querer la independencia, que le pertenecía por derecho, y podría ser útil para movilizar apoyos urgentemente precisos para reemplazar el Viejo Régimen por un gobierno apoyado en la soberanía del pueblo y el «orden natural de las cosas». La Declaración logró reunir a los patriotas para la Revolución, pero asimismo despertó, como habían advertido Mirabeau y Malouet, el descontento entre todos y cada uno de los excluidos de la ciudadanía (dentro mujeres, esclavos y hombres de color). libre) por la novedosa Constitución, sancionada un par de años después.

La conciencia de ciertos revolucionarios de un ineludible enfrentamiento entre principios y prácticas, entre los derechos de la gente abstraídas de cualquier contexto popular y la necesidad de una política pública que tenga presente las diferencias sociales, es un punto de inicio conveniente para La historia del feminismo en Francia. Si bien hay adversidades auxiliares. La Revolución no tardó en dar derechos civiles a la mujer, en especial en el campo del matrimonio. En 1791 se definió como un contrato civil y en 1792 el divorcio se transformó en un derecho legal para las dos partes. De esta manera, estos legisladores, todos hombres, aprobaron leyes con efectos contradictorios para las mujeres, transformándolas al unísono en objeto de intranquilidades legislativas y sujetos de derechos civiles. Este estatus ambiguo, o sea, su reconocimiento como agente civil y su exclusión de la política, es lo que produjo el feminismo.1

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