Es requisito aclarar que llamar pecadora a María Magdalena es asimismo una calumnia machista, pues lo que afirma Lucas en 8,1-3, es que de ella salieron siete diablos, refiriéndose a su transformación-cura-liberación que él halló en el momento en que descubrió el Reino de Dios comunicado por Jesús.
Lectura: Lucas 7,36-38
Todavía en la localidad de Naim (“en aquella localidad” -Lucas 7,37), un fariseo llamado Simón invitó a Jesús a comer a su casa . Jesús aceptó el ofrecimiento ahora la hora de comer fue a casa de Simón. Allí se sentaron a la mesa Jesús y Simón. En esta localidad, había una mujer pecadora que sabía que Jesús se encontraba en casa de este fariseo. Entró en casa de Simón con un frasco de alabastro lleno de perfume y se dirigió a donde estaban comiendo.
Quién era la mujer que derramó el perfume
Según el Evangelio de Juan, Jesús fue ungido con perfume en Betania, en la casa de Simón el leproso, por una mujer anónima, antes su crucifixión. Esto fue solo unos días una vez que Jesús entró en Jerusalén en la celebración judía de la Pascua. Jesús cenaba con unos amigos en la casa de Simón, y llegó una mujer con un frasco de perfume. Derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús y lo ungió con él. Varios de los presentes se enojaron al verla desaprovechar el perfume, que podría ser vendido por un prominente precio y usado para contribuir a los pobres. Jesús, no obstante, defendió a la mujer, diciendo que ella había hecho lo que él consideraba una aceptable obra. Jesús mencionó que se derramaría perfume sobre él como recuerdo de ella tras su muerte. La identidad de la mujer anónima todavía es un secreto. No se conoce si era entre las seguidoras de Jesús o si era una extraña que sencillamente había oído charlar de él. Lo que se conoce es que amaba a Jesús y deseaba realizar algo particular por él. Su ademán de verter el perfume sobre él revela su amor y devoción a Jesús, y asimismo su entendimiento de que se encontraba a puntito de fallecer. Si bien ella misma no ha podido eludir la crucifixión de Jesús, su acto de ungirlo con perfume fue un acto de amor y fe que no va a ser olvidado.
El alabastro es una piedra fina y transparente que se utilizaba en la antigüedad para llevar a cabo recipientes para bálsamos. La palabra procede del heleno alabastron, que significa «envase de perfume». En la Biblia, el alabastro se relata en referencia a un envase de perfume que se usó para ungir el cuerpo de Jesús a lo largo de su crucifixión (Juan 19:39).
¿QUÉ LE PODEMOS DAR AL SEÑOR JESÚS?
No poseemos un vaso de alabastro lleno de ungüento aromático, ¿qué tenemos la posibilidad de ofrecerle? Hay cuando menos tres regalos que todos nosotros le tenemos la posibilidad de llevar:
(1) Tenemos la posibilidad de ofrecerle lo destacado de nuestro amor. Eso, más que nada, es lo que logró María; si bien el ungüento era caro y la vasija importante, el auténtico obsequio que le dio a Jesús fue su amor. Todos tenemos la posibilidad de ofrecerle nuestro amor, que es lo que él desea de nosotros sobre todas las cosas. ¿En algún momento le has dado tu amor mucho más profundo? Compare Mateo diez:37 con Juan 21:15-17.