Ajolote Ajolote (Ambystoma mexicanum) Los ajolotes tienen ojos pequeñísimos, sin párpados y su visión tiene límites, solo ven sombras.
Los humanos tienen la posibilidad de ser la clase mucho más evolucionada del mundo y dominarla en concepto de población y explotación de los elementos naturales, pero no todos nuestros cuerpos se han creado al mismo nivel que nuestros cerebros. Nuestro sentido del oído no puede equipararse con el de otros integrantes del reino animal, que pese a carecer de nuestra aptitud mental dependen de otros elementos para subsistir.
- Búho. Es el rey de las aves en lo que se refiere a audición, merced a sus agujeros verticales en las orejas, que le dejan encontrar la situación de los sonidos.
- Bat. No precisan el sentido de la visión, en tanto que tiene el más destacable sistema de radar del mundo: emiten sonidos que chocan con el ambiente y devuelven ondas que, interpretadas por el sistema inquieto del animal, crean un mapa de su ambiente.
- Delfín. Mediante un sistema afín al de los murceguillos, los delfines tienen una manera de ubicación llamada ecolocalización, consistente en producir chillidos que rebotan en la mandíbula inferior. Podría decirse que ven sonidos.
- Elefante. Su sentido del oído les deja oír frecuencias 20 ocasiones mucho más bajas de lo que los humanos tienen la posibilidad de percibir.
- Polilla. Las razones por las cuales la polilla tiene un oído tan creado aún no se conocen, pero la hipótesis mucho más posible es que subsista contra su depredador mucho más mortífero: el murciélago.
- cat. Tiene 30 músculos distintas en las orejas, que le dejan girar hasta 180º. Oye frecuencias considerablemente más bajas que el perro.
- Paloma. Merced a su oído, una paloma es con la capacidad de entender que va a haber tormenta bastante antes que la mayor parte de los animales.
¿Qué aspecto tendría si fueses una serpiente?
Las víboras ven realmente bien, pero solo a distancias cortas. Sus ojos no son iguales a los de otros animales. Tienen una escala sobre cada ojo que impide que penetre el polvo y la mugre. Sus ojos tienen la capacidad de advertir calor y ver seres vivos merced a su descubridor de infrarrojos. De ahí que es prácticamente irrealizable huír cuando te ve una serpiente.
En la situacion de los peces, su visión está amoldada al medio acuático, pero las peculiaridades concretas de sus ojos dependen de la hondura a la que se muevan y de si son o no predadores. Por poner un ejemplo, el tiburón no posee conos retinales, con lo que no descubre colores. Además de esto, su ojo está desarrollado para absorber la mayor proporción de luz viable, con lo que puede ver bien en aguas picadas. No obstante, su vista no es tan buena como la de un humano. Generalmente, los peces tienen una visión envidiable, en tanto que ven en la obscuridad y captan datos a enormes distancias. Ciertas especies acuáticas aun tienen visión ultravioleta que les deja capturar mucho más información del ambiente que les circunda y de esta manera acrecentar su supervivencia.
Salamandra ciega de Texas
Es un anfibio endémico de ciertas grutas de Texas, USA, y su población es bastante escasa. Al no tener pigmento en la piel ni en los ojos, jamás sale al aire libre y continúa en la mucho más absoluta obscuridad. La salamandra ciega tiene una piel muy sensible que le deja advertir alimentos (singularmente crustáceos) y eludir su atrapa.
En Europa hay un familiar próximo, popular como olm, que vive entre rocas en grutas. Llama la atención por no tener ojos, pero sus otros sentidos están muy desarrollados. La salamandra ciega europea puede vivir cien años, su cuerpo es largo y chato y tiene patas cortísimas.
Verme tubular enorme
Este verme ciego (Riftia pachyptila) habita las profundidades abismales en las cápsulas quitinosas y tiene una “pluma” roja enormemente vascularizada. Es exactamente el mismo que da los nutrientes fundamentales a las bacterias que viven en la criatura en fusión, puesto que no solo es ciega, sino además de esto no tiene sistema digestivo.
Estas bacterias (que tienen la posibilidad de representar medio peso del cuerpo de la criatura) transforman el oxígeno, el sulfuro de hidrógeno, el dióxido de carbono y otras substancias en moléculas orgánicas de las que se nutren los vermes.