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Qué oraba Jesús

El Salvador ofreció una oración para instruir a Sus acólitos a rezar. Empezó diciendo: «Padre nuestro que andas en los cielos». Alabó a nuestro Padre Celestial y después le solicitó asistencia. ¿El afirma? ¿amén? en el final de Su oración.

PUERTO RICO-

La naturaleza humana y divina de Jesús de Nazaret

Según el Libro del Génesis: “Y Dios creó al hombre en su imagen propia, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén 1, 27). El Evangelio de Juan nos comunica: «Y el Verbo se realizó carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de felicidad y enserio» (Jn 1, 14). Jesucristo es verdadero Dios, pero asimismo es verdadero hombre. Esta particular naturaleza provoca que su contestación física a los estímulos externos sea considerablemente más pronunciada que la de algún otro sujeto, y por este motivo su calvario excedió los límites de lo que tenemos la posibilidad de comprender como «padecimiento».

Como unión especial de lo humano y lo divino, Jesús experimentó las pasiones conforme su humanidad lo impulsaba. No obstante, lejos de ceder a los instintos mucho más bajos de los nacidos bajo el yugo del pecado original, las conmuevas de Cristo fueron gestionadas armónicamente por la razón y el espíritu. El Santurrón Dom Columba Marmion expresa este secreto de la próxima forma:

Rezaba en el momento en que debía tomar resoluciones esenciales.

En el momento en que tenía que ver con seleccionar a sus amigos mucho más próximos, Jesús procuró la guía de su Padre. “…Fue al monte a rezar y pasó la noche orando a Dios. En el momento en que llegó el día, llamó a sus acólitos y eligió a 12 de ellos… los apóstoles” (Lucas 6:12-13).

Si lo pensamos bien, es una verdad que nos impacta. Tenemos la posibilidad de gastar un año, y una fortuna, planificando una boda. Pero raramente, no procuramos la guía de Dios en el momento en que escogemos una pareja para pasar el resto de nuestras vidas.

La oración de un Jesús adulto

Jesús establecerá una enorme novedad, en relación a la práctica judía, las auténticas frases no precisarán del templo, de la sinagoga, de los sitios establecidos por la ley, para conseguir a Dios ( Jo 4, 19-24). En el diálogo con la mujer samaritana, Jesús le va a explicar la oportunidad de rezar a Dios, en cualquier sitio.

Jesús inaugura un nuevo género de oración, fuera de las edificaciones en especial aplicados al culto. Ocasionará una auténtica revolución en el momento en que anuncie la destrucción del Templo de Jerusalén y en el momento en que se identifique con el Templo. “En tres días va a ser reedificada”, comentando de su resurrección. Desde el instante de la resurrección de Jesús, el sitio del acercamiento con Dios tiene sitio en la Persona de Jesús. Jesucristo es el auténtico templo, donde establecemos nuestra relación con el Padre.

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