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Que mata los virus en el cuerpo humano

Además, hay medicamentos como los antivirales, que entran en las células y se integran al genoma del virus a fin de que deje de marchar. Esto quiere decir que los antivirales hacen que las hebras de ADN de los virus sean imperfectas y también inútiles de marchar.

(CNN Español) — Conocemos los síntomas leves del coronavirus: cefalea y garganta, malestar general y tos.

Si nos encontramos sanos, nuestro sistema inmunológico es con la capacidad de combatirlos, pero las cosas se tienen la posibilidad de complicar.

Las primordiales diferencias

Tamaño: las bacterias son hasta cien ocasiones mucho más enormes que los virus. Y esto sabiendo que en los dos casos son inapreciables al ojo humano y solo tienen la posibilidad de ser detectados a través de un microscopio particular. Las bacterias se tienen la posibilidad de ver con un microscopio óptico, al tiempo que los virus unicamente se tienen la posibilidad de advertir con un microscopio electrónico, empleando una lente electromagnética.

Composición: Los virus tienen una composición un tanto mucho más fácil, consistente en una partícula genómica de ARN o ADN cubierta en una cubierta de proteína. En cambio, las bacterias tienen una composición interna un tanto mucho más complicada con una pared celular donde se sitúan el citoplasma, los ribosomas y el genoma bacteriano.

La trayectoria de la infección puede ser de esta forma, en dependencia de sus componentes de peligro:

  1. El virus entra al cuerpo: o sea eminentemente por contacto físico o inhalación, accediendo al cuerpo a través del nariz, boca u ojos. El virus vive en gotas liberadas por un individuo inficionada al toser o estornudar, y puede transmitirse por contacto, continuando vivo en superficies tocadas por un individuo inficionada. Es por ello que el lavado de manos, la desinfección y el distanciamiento popular son escenciales y muy aconsejables para supervisar y atenuar el contagio. Cuando el virus ingresa al cuerpo, empieza a agredir.
  2. El ataque viral empieza desde adentro: una vez en el cuerpo, el virus empieza a infectar las células epiteliales en el revestimiento del pulmón por medio de una proteína en los receptores de células virales que se unen y penetran en la célula huésped. En la célula huésped, el virus empieza a contestarse hasta el momento en que aniquila a la célula. Esto empieza en el tracto respiratorio superior (nariz, boca, laringe y bronquios).
  3. Los síntomas empiezan en el tracto respiratorio superior: un individuo puede demorar múltiples días en desarrollar síntomas tras la exposición inicial al virus, con un promedio de cinco días. Los síntomas más frecuentes son tos y fiebre, pero asimismo tienen la posibilidad de integrar dolores musculares similares a los de la gripe y cansancio.
  4. La Organización Mundial de la Salud notificó que cerca del 80% de los pacientes tienen una infección suave a moderada, que está primordialmente en el tracto respiratorio superior y se restringe a los síntomas precedentes (fiebre, tos, dolores) que no necesitan hospitalización Habitualmente, la gente inficionadas en ese 80% de las situaciones, particularmente aquellas que en cuanto al resto están sanas, tienen la posibilidad de no tener ningún síntoma. No obstante, estas personas aún son infecciosas y corren el peligro de trasmitir el virus a personas mucho más atacables que tienen la posibilidad de combatir casos mucho más críticos de la infección.
  5. Los síntomas empeoran si el virus ingresa al tracto respiratorio inferior: precisamente el 20% de la población puede presenciar síntomas graves, incluyendo el 5% que puede requerir cuidados intensivos. Estas situaciones tienden a acontecer en el momento en que el virus ingresa al tracto respiratorio inferior; en otras expresiones, el virus ingresa a los pulmones de un tolerante, lo que resulta en neumonía y, en pacientes críticos, una condición que llamamos síndrome de contrariedad respiratoria aguda.
  6. Sucede una infección grave (en precisamente el 20% o menos de las situaciones): si bien no es muy probable que la mayor parte de los pacientes inficionados con COVID-19 tengan estas adversidades del tracto respiratorio inferior (pulmón), los primordiales componentes de peligro para casos mucho más críticos casos de infección tienen dentro la edad (mucho más de 80 años) y condiciones que ya existían (cáncer, diabetes, embarazo y patologías crónicas o trastornos que tienen la posibilidad de poner en una situación comprometedora el sistema inmunológico). No obstante, vemos que aun los pacientes mucho más jóvenes, de entre 50 y 60 años, corren un mayor peligro.
  7. La neumonía puede estar marcada por contrariedad para respirar y tos profunda. La neumonía daña los pequeños sacos de aire de los pulmones, los alveolos, que se amplían conforme procuran batallar la infección. Este engrosamiento es lo que encoge el saco de aire responsable de transportar oxígeno al torrente sanguíneo, acortando y limitando la aptitud de respirar de un individuo. En el caso de que un individuo empieze a presenciar estos síntomas: fiebre alta persistente, contrariedad para respirar o mal en el pecho: se aconseja que asista a la salón de urgencias para recibir régimen.

“Lamentablemente no, en el momento en que hemos contraído la infección, es poco lo que tenemos la posibilidad de realizar para minimizarla, según los datos que ya están”, afirma el Dr. Carrasquillo. Él incita a ciertos pacientes que quieren tomar suplementos de vitamina C, o recibir exposición del sol día tras día para la absorción de vitamina D, a llevarlo a cabo para beneficio personal (y calma). No obstante, los datos recientes no respaldan la efectividad de los suplementos o aun de los fármacos antipalúdicos para tratar la COVID-19 en pacientes sanos.

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