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Qué hacer cuando caes en pecado

Los principios del arrepentimiento Debemos admitir nuestros errores. Debemos arrepentirnos de nuestros errores. Debemos dejar nuestros errores. Debemos confesar nuestros errores. Debemos volver a poner el daño. Debemos perdonar a el resto. Debemos almacenar los mandamientos de Dios.

El pecado se comprende, ordinariamente, como «desobediencia» a un orden divino. En el fondo de esta desobediencia está la desconfianza en Dios; la iniciativa de que Dios es arbitrario en el momento en que prohíbe tal o como cosa; detrás está la sospecha de que Dios tiene otras pretenciones aparte de buscar lo destacado para sus hijos. Esta desconfianza en los designios de Dios es siempre y en todo momento muy de hoy, ahora ha atravesado la crónica de la raza humana. Asimismo en el fondo de este pecado está el deseo de ser como Dios; un deseo un poco legítimo, en tanto que Dios creó al humano a su imagen y semejanza, y desea que sus hijos compartan con él su alegría y felicidad. Pero Adán y Eva desearon lograr esta felicidad por sus medios y no aguardaron a que Dios se la diese.

En lo que se refiere a las secuelas del pecado, la primera es que hace molesto la presencia y la mirada de Dios. Teniendo a Dios como amigo y padre con quien se puede caminar y charlar con seguridad, Adán y Eva han comenzado a tratar en balde de huír de su mirada escondiéndose tras un arbusto. Otra consecuencia es presenciar la desnudez, tanto física como espiritual. Adán y Eva ahora estaban desnudos antes de la caída, pero no se percataron hasta la actualidad. El pecado ha perturbado su mirada y el modo perfecto en que se sienten mirados. El pecado no acepta la mirada extraña sobre nuestro corazón. Edifica un planeta desprovisto de hermosura que instintivamente desea ocultarse de los ojos de Dios y de los hombres. Pero esto no solo daña nuestra relación con Dios, asimismo daña nuestra relación con otra gente que están junto a nosotros y nos hace perder el valor para asumir nuestras responsabilidades.

Un caso de muestra práctico

Afirmemos que donde trabajas hay una reserva de cuadernos y bolis. Como son precisamente del tipo que le agrada, se transporta ciertas a casa. Por la mañana, en el momento en que vuelves tu corazón al Señor para pasar tiempo con Él, Él te alumbra y amonesta tu conciencia de que has tomado algo que no te forma parte. En este punto, podría razonar: “La oficina tiene muchas de estas cosas; no lo precisarás». O puedes proseguir la culpa y el reproche de tu conciencia y estar según con el Señor en que lo que hiciste estuvo mal.

En el momento en que decides percibir al Señor, puedes rezar en el instante , “Sí, Señor, tienes razón, tengo pecado. Admito que me llevé estas cosas. Lo siento. Perdóname Señor. Gracias por verter Tu sangre hermosa para eliminar mi pecado.”

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