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Cómo te llama Dios

En ocasiones el Señor nos llama para confiarnos una misión. A este llamado lo llamamos vocación. La primera vocación que el hombre recibe de Dios es la llamada a la vida. Pero el Señor nos prosigue llamando durante nuestra vida para dirigir nuestros pasos por el sendero del bien.

El nombre es una señal de identidad. Todos poseemos nombres y, por norma establecida, tendemos a estar muy orgullosos de de qué manera nos llamamos. Aun muchas personas cambia y pone un diminutivo para nombrarse como desee, por el hecho de que se identifica mucho más con él. Cada nombre tiene su origen y concepto y, por norma establecida, tiende a estar relacionado con la marca y el carácter de cada uno de ellos. En el momento en que oímos nuestro nombre, si bien no se dirijan a nosotros en lo personal y lo hagan a otra persona con exactamente el mismo nombre, tendemos a ver hacia el sitio donde lo oímos.

“…TOTALMENTE A TRABAJAR PARA EL SEÑOR…” (1 Corintios 15:58 PDT)

La carrera es algo que escoges; la llamada es algo que recibes. Correr es algo que haces por ti; el llamado es algo que haces para Dios. La carrera asegura situación, dinero y poder; el llamado normalmente asegura adversidades, padecimiento y la posibilidad de ser utilizado por Dios. La carrera normalmente acaba con la jubilación y muchas pertenencias; la llamada no acaba hasta el momento en que mueres. La carrera puede verse interrumpida por hechos inopinados, pero Dios te contribuye a cumplir el llamado aun en las situaciones mucho más bien difíciles. Para varias personas en la Biblia, obedecer el llamado de Dios significó vivir como esclavos, ser apresados y mandados al exilio, e inclusive ser sacrificados. La trayectoria de sus carreras no fué muy prometedora, pero han cumplido con su vocación de forma excepcional.

Chuck Colson tuvo entre las carreras mucho más selectas en los USA. Tuvo el privilegio de poder ingresar al poder y la predominación de la Casa Blanca bajo el presidente Nixon, pero acabó en prisión. Allí terminó su trayectoria, pero su vocación no había hecho mucho más que iniciar. Su misión era llegar a otros como él. Colson piensa después: “El auténtico legado de mi vida fue mi mayor fracaso: ser un ex- convicto. Mi enorme degradación —la sentencia de prisión— fue el comienzo del increíble empleo que Dios logró de mi vida; Tomó esa experiencia de la que no podía jactarme y la usó para Su gloria”. En la providencia de Dios, el desenlace de su trayectoria puede ser el comienzo de Su llamado. Conque sea lo que sea lo que Dios te ha encomendado, la Biblia exhorta, «…a trabajar completamente para el Señor, ya que bien, ese trabajo no es en balde» (1 Corintios 15:58 PDT)

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