Un plato con mucha historia que conquistó a todo el país

Fritas o al horno, con pasas o aceitunas, de carne picada o a cuchillo, picantes o dulzonas pero siempre sabrosas, constituyen una de las comidas más típicas de los argentinos.

Si bien es imposible determinar su inventor, las empanadas son muy antiguas. Los primeros registros se remontan a un milenio antes de Cristo en Persia (actualmente Irán), cuna de una cultura que se extendió a Europa.

Para las poblaciones trashumantes, la empanada -carne envuelta en una masa o en una hoja de parra, como el manti- solucionaba la comida en los largos viajes por el desierto.

Se supone que a Europa ingresó por Grecia, sobresaliendo la crujiente masa philo, antepasado del hojaldre. Y a la península Ibérica -como el almíbar o los alfajores- fueron llevadas por las invasiones moras, en el siglo VII de nuestra era.

En cada región de España fue adquiriendo características especiales (por su forma y tamaño, la empanadilla se asemeja a la actual salteña- y así viajó a América con los conquistadores que la llevaron a todo rincón del continente.

El alimento en la Argentina

De forma semicircular con 10 centímetros de díametro están cerradas por un simba. Esta repulgue muchas veces presenta distintas terminaciones en la masa que permiten identificar su sabor.

El relleno varía en cada una de las 24 provincias, aunque los más comunes son carne vacuna, pollo, humita, jamón y queso y verdura (generalmente acelga o espinaca) con queso o salsa blanca. El recado de carne suele llevar cebolla, huevo duro picado, aceitunas.

En la zona pampeana se les suele agregar pasas de uva, mientras que en el norte su carbonada también incluye papa. Se condimentan con comino, pimentón dulce y ají molido y, para que sean más jugosas, se les agrega grasa de pella. En Córdoba se las hace agriducles con el agregado de azucar, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires, son muy populares las hechas con jamón y queso. En el campo, también se puede usar carne de animales salvajes ( vizcacha, mulita, carpincho, yacaré o ñandú), aunque no son muy aceptadas, ya que son estos eran un reemplazo cuando no se poseía animales de corral.

Durante la Semana Santa se consumen empanadas de vigilia, rellenas de atún u otros pescados. También hay versiones dulces, como pastelitos o empanadillas en el norte; hechas con dulce de membrillo o batata e inclusive con dulce de leche.

infoBUE

Noticias de Buenos Aires | Educación | Medio ambiente | Sustentabilidad | Política | Ciudadanía